Sociedad 05/01/2010
Diego Astiz: Testimonio de la pasión por los caballos
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Llevo algo más de 14 años dedicándome sin padrino alguno y desde cero, al mundo del caballo. Empecé como aficionado a aprender a montar, pero poco a poco, ví en estos seres un modo de vida el cual me hizo dejar un puesto de trabajo fijo. Empecé a observar, conocer y a amar a estos seres en lo alto de Beorburu, un pequeño pueblecito del valle de Juslapeña (Navarra), en la Yeguada Inzure.

Poco a poco, me fui enganchando a pasar días y noches junto a ellos como medio de escape social. Comprendí que mi quehacer era para y por los caballos. Compré mi primera potra, Blanquita (de padre puro Árabe y madre Burguete) para salvarla del matadero literalmente, pues ningún profesional hasta entonces apostaba por ella. Estaba sin domar a sus 4 años así que empecé a mirar su comportamiento junto a otros caballos en el prado, empecé a conocerla y, poco a poco, a trabajarla (basándome en lo que leía en libros relacionados con el mundo del caballo, Lucy Rees, Michael Peace... y lo que mi instinto me decía).

Acompañados por el dueño de la Yeguada, Blanquita y yo nos dimos una oportunidad e hicimos una travesía (en la que incluía cruzar ríos como el Bidasoa) en la que se portó muy bien. Decidí hacer rutas con ella y con otros caballos de la yeguada. Blanquita se convirtió en la líder de la manada.

En un principio, compaginaba un trabajo de comerciante con mi sueño o lo que me daba vida, así que enredaba a los caballos de la Yeguada Inzure para aprender y me pasaba todos mis ratos libres observando a estos seres: comía con ellos haciéndome cualquier cosa con el camping gas, me mojaba, tomaba el sol, jugaba con ellos en libertad...

Al final me costó el puesto fijo de trabajo pues ante la necesidad, aposté por vivir dejando un futuro seguro económicamente. Al tiempo tenía tres yeguas (que nunca me gusta decir que son mías, de mi propiedad). Todas las domé yo, conociéndolas desde potras. Incluso a una hermana de Blanquita, Cuscus, que ya fue mal tocada por “una” que se hacía llamar domadora de caballos. Pero no hay mal que por bien no venga, pues el caso de Cuscus me dio pie a empezar a dedicarme a recuperar caballos mal domados, a reeducarlos, a hacer que vuelvan a confiar en la mano del hombre.

En Beorburu, dábamos paseos en unos parajes de ensueño, entre bosques que invitaban a soñar, cumpliendo deseos de enamorados, parejas que se prometían a caballo, padres e hijos, de todas partes venían, puesto que es un lugar de muchas casas rurales y espectaculares parajes.

Aunque sacábamos dinero, (esto era mi única fuente de ingreso) la inconsciencia de la gente me hizo renunciar a dar este servicio ya que los más que eran inexpertos, solo querían galopar sin saber andar y no cuidaban bien a los caballos, algunos venían con la cara hinchada, sofocados... y es que a pesar de ir como guía, era difícil controlar a incluso 8 personas inexpertas con ganas solo, de disfrutar sin pensar en los animales.

Me dediqué pues a dar paseos esporádicos con gente que veía más responsable y a domar los potros que por edad podía hacer. El dueño de la Yeguada Inzure se dedicaba a criar caballos de raza Burguete con un semental de pura raza Árabe. Los potros no son tan guapotes físicamente pero sí resistentes a los terrenos de aquí. Yo los trabajaba a cambio de experiencia, nada de dinero. Lo que en esos 7 años viví allí con ellos, sólo lo sé yo y no hay palabras para describir todo lo que me han enriquecido personalmente.

La desgracia hizo que tuviera que buscar un terreno para "mis yeguas" y donde seguir trabajando como domador, pues comenzaba a tener demanda sobre este servicio. Las ideas del dueño de la Yeguada no compaginaron con las mías; que a cambio de un alquiler y algo de obra, quería dedicarme a domar y recuperar caballos resabiados, a poder tener caballos en pupilaje, a dar clases de equitación y algún paseo esporádico a gente más experta en el mundo del caballo.

Sufrí mucho al tener que marcharme de allí con una mano delante y otra detrás. Al abandonar a esos equinos que tanto habían compartido conmigo convirtiéndose en la mejor parte de mí. Pero nunca me rindo.

Trabajé en alguna hípica alquilando sus cuadras teniendo mis propios clientes. Trabajaba al amanecer para que en ciertas hípicas no me viera el dueño del potro quien creía que eran los "profesionales" de la misma quienes lo domaban... Compaginaba esto trasladándome a casi 70km. para durante dos veces al día ver como estaban “mis yeguas” que pacían en una pradera alquilada en Irurzun.

Cada vez fui abriéndome más hueco en este mundo, trabajando distintos potros de todas razas y caracteres, de gente de la ribera de Navarra, de la zona media, de la zona de montaña, de Guipúzcoa...

Desde hace dos años, estamos en Puente La Reina donde vivimos. Conseguimos que nos alquilaran una finca. Era inviable tantos Km. diarios (incluso cuando venía un potro nuevo tenía que ir de madrugada para estar tranquilo haciendo así el tercer viaje de ida a la finca).

Día a día aprendo de esta curiosa profesión o más bien modo de vida pues no lo concibo como trabajo ya que se pierde toda esencia para con los animales. Soy una persona humilde, trabajo durante todos los días del año, sin tener descansos, ni fiestas. Los animales no entienden de días de fiesta ni fechas señaladas. (Habiéndome casado este año pasado, hace 7 meses, todavía tengo pendiente el viaje de novios).

En cuestión a mi modo de vida y por lo que te escribo es porque quisiera reivindicar ciertas cosas: La sensación que se te queda por dentro al entregar un caballo habiendo realizado el trabajo, ya sea de desbrave o de recuperación de caballos problemáticos (generalmente a causa del dueño u otros llamados “profesionales”) es como si te arrancaran parte de ti; Es de satisfacción al ver como se crea una unión entre el animal y yo, es de confianza entre animal y hombre, es de gratitud y orgullo de responder ante las expectativas del dueño; pero al mismo tiempo es de tristeza de verlos marchar, de angustia de cómo estarán, de miedo de cómo sus dueños lo van a tratar. Y la razón de ello es que sinceramente en todos estos años he comprobado que poca gente sabe lo que es tener un caballo y todo lo que ello conlleva.

Pie a tierra: todos los cuidados diarios, saber interpretar qué le puede pasar en cada momento, porque hoy no come, porque hoy está triste o está tan alterado...qué cantidad de pienso necesita, que tiene que tener siempre agua fresca y limpia a su disposición, que necesita sus ratos de ocio, compañía, que no todos los días tienen el mismo estado de ánimo...

Montados: que hay que saber lo que se hace, que no los puede montar cualquiera, que el hecho de que estén domados no quiere decir que sean de cartón (son potros jóvenes que están descubriendo el mundo), que tenemos que tolerar que puedan asustarse de los coches, de los charcos, de las bicicletas o los paraguas, que para todo hay un tiempo y por encima de todo la paciencia, pues de nada sirve el castigo.

Sin ofender a nadie, pienso que tanto los dueños de caballos como los futuros, tendrían que domarse primero a sí mismos, comprender la sicología del caballo, saber que no son peluches, que desde que existen han sido animales de huida y que debemos agradecer que nos dejen montarlos, que solo los amantes de los caballos podemos sentir la libertad que en su compañía sentimos. Es tanto lo que nos pueden llegar a dar que no tiene comparación con lo que nosotros podemos hacer simplemente tratándolos como se merecen.

Aquí está el testimonio de un amante de los caballos, de un profesional que se resiste a la crisis, a dejar su modo de vida, con la esperanza de que todos y cada uno de nosotros sepamos valorar a estos mágicos seres, a los caballos.



Diego Astiz, Centro Para el Caballo en Puente la Reina (Navarra).

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7 Comentarios:
Diego Astiz
Llevo en Puente la Reina desde el 1 de Agosto del 2007. Sobre las instalaciones de Beorburu, deciros que allí nadie regalaba nada. Espero que se os hayan despejado las dudas y podais ser tan sinceros como yo, pues no tengo nada que esconder. Un saludo, Diego Astiz.
17/02/2010
Diego Astiz
- A los datos que teneis sobre mi experiencia con los caballos, teneis que anotar y corregir que: En 1995 tuve mis primeros contactos con los caballos. Estuve con 21 años en Burgos, en Elgorriaga y sur de Francia recibiendo clases esporádicas y salidas al campo. En 1997 fue cuando recibi clases en una hípica de los alrededores de Pamplona. A mediados de 1998 fue cuando pisé Beorburu por primera vez y en Noviembre del 2005 salí hacia Ekai donde estuve 1 año y 9 meses.
17/02/2010
Diego Astiz
En primer lugar me agrada que sobre el escrito se hayan creado dudas. Yo os las aclaro: - En cuanto a mis comienzos, solo leyendo se ve como fueron y por suerte hubo que vivirlos para valorarlos. - En ningun momento digo que el que no emplea mis métodos no sea profesional. Solo cuestiono lo que a mi me ha tocado. Por supuesto que hay profesionales que consiguen el mismo fin que yo y merecen todo mi respeto.
17/02/2010
Diego Astiz
En primer lugar me agrada que sobre el escrito se hayan creado dudas. Yo os las aclaro: - En cuanto a mis comienzos, solo leyendo se ve como fueron y por suerte hubo que vivirlos para valorarlos. - En ningun momento digo que el que no emplea mis métodos no sea profesional. Solo cuestiono lo que a mi me ha tocado. Por supuesto que hay profesionales que consiguen el mismo fin que yo y merecen todo mi respeto.
17/02/2010
luis
En la yeguada donde los compro le dejaron las instalaciones completas para su uso y difrute,creemos que previo un pago simbolico. Se podrian aclarar bien nuestras dudas? es cierto lo que se comenta? Con esto no queremos decir nada en su contra,solo que cuando se cuenta una experiencia o vivencia sobre un tema de caballos nos gusta que se sea lo mas sincero podible.Las personas que estamos comentando el articulo,nos parece bien tu trabajo y el esfuerzo.
23/01/2010
luis
Preguntando a conocidos comunes en hipicas,veterinarios,herradores,etc...Llegamos a la siguiente conclusion. Desde mediados del año 2000 es cuando nos lo situan en la yeguada citada,pero como particular que compra 2 potros,y teniendo la experiencia de 2 años mas o menos de monta en paseos exporadicos en una hipica de la comarca de Pamplona.Para llevar 14 años dedicandose a este mundo deveriamos estar en el 2014 abanzado.
23/01/2010
luis
Me parece muy bien lo contado,pero varias de las personas que estamos vinculados al mundo del caballo en Navarra desde hace muchos años comentamos la semana pasada el articulo,algunas de esas personas le conocen desde sus comienzos,otros desde hace poco y nos asaltaron varias dudas por los comentarios expresados en la discusión que mantivimos.De verdad fueron a si de duros sus comienzos?por que no son profesionales los que no aplican sus metodos?mas de 14 años dedicado?
23/01/2010
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