Al encontrar por casualidad en Internet un artículo de prensa no he podido resistirme a molestarles con mis humildes reflexiones. Les escribo desde el colectivo más burlado y utilizado en el tan cacareado y apasionante mundo de la equitación: los padres de los deportistas humanos y/o los propietarios de los deportistas equinos; los que sólo ponemos el hijo, el caballo, el cariño, el tiempo, el entusiasmo, el dinero … ¡naderías!
Por supuesto que no creo que, a estas alturas de supuesta evolución cultural en nuestra sociedad, nadie se plantee la licitud de que toda empresa persiga un beneficio económico. Pero aún así, si se nos reduce a simples consumidores de un producto que pagamos más de uno estamos más que hartos de encontrarnos en esa industria con demasiados listillos que sólo nos ven como fuentes de ingresos basándose en nuestra ignorancia, nuestra equivocada cultura del consumo, y muchas veces nuestra frivolidad.
A lo largo de los años he ido aprendiendo que es importantísimo buscar profesionales de verdad en todos ámbitos, personas con formación reglada y regulada con seriedad que abale suficientemente la actividad que realizan. A todos los que dicen con egolatría que en España la formación de los técnicos deportivos no es aceptable yo les pregunto: ¡y tú que haces para mejorar éso?, y algo más: ¿si te regalaran el título lo aceparías?, y añadiría: ¿lo dice alguien que posee la formación oficial equivalente de otros paises que lo hacen mejor?.
Al final he comprobado que hay mucho fantasma cobarde que apela a la rebelión legal por miedo a no dar la talla, ni siquisiera para algo que desprecian por considerarlo poco para ellos, y digo yo, si tienen la formación que dicen que tienen… ¿no deberían luchar por su reconocimiento en nuestro pais, como sucede en todos los sectores de la sociedad? El caballo sólo con su nombre ya imprime unas cualidades, las de un caballero se le supone honestidad, decencia, respeto, educación, nobleza y honradez pero brillan por su ausencia en este mundo demasiadas veces y ¡ya está bien! Si nuestra equitación estuviera en manos de profesionales respetables y con vocación de hacerlo bien sin complejos no sólo tendríamos un mejor producto sino que tendríamos una industria respetada en todas partes y no la chapuza que tenemos ahora con la complicidad de todos.
Con pomposidad decimos que el caballo es el SOBERANO en el deporte de la equitación pero cada día vemos centros hípicos llenos de cajas para encerrar caballos dirigidos por “ahorradores” en la salud y cuidados de ¿”las bestias”?; lugares en los que se ignora su derecho a ser respetados en su dignidad mientras se les utiliza como “herramientas de trabajo” robándoles su equilibrio mental. Cada día encontramos herradores “cerriles” que convierten un herraje en algo que, si bien los caballos sólo lo necesitan para nuestro disfrute, se parece más a una tortura; sin olvidar a los que estafan con técnicas sofisticadas o sacacuartos, y todos ellos sin ninguna responsabilidad cuando cometen errores. A nuestros caballos se acercan mozos de cuadra que no han visto un caballo en su vida, son mal tratados y mal pagados, y nadie se molesta en enseñarles a hacer bien su trabajo.
Muchos directores técnicos sólo se preocupan de tener muchos alumnos que ganen muchas escarapelas aunque pasan de su técnica, y además…, si se puede..., ganar más dinero con los servicios extras (de dudosa calidad) para el caballo mientras no les importa lo más mínimo si recibe una adecuada alimentación. Los veterinarios…, ¡al menos poseen una licenciatura que demuestra un importante esfuerzo intelectual en su momento!, pero la mayoría se comporta como si poseyeran las licenciaturas en todas las especialidades ¡son como el ungüento amarillo, valen pa to!, ¿dónde están sus seguros de responsabilidad?.
Y los profesores nos encontramos con profesores amargados (jinetes que no montan), con contratos de trabajo típicos de la picaresca y sueldos que les convierten en tratantes-de-caballos-engaña-padres buscando ingresos extras, brutos maleducados que insultan y chillan a nuestros hijos porque pasan de la didáctica más elemental, irresponsables que se atreven a dar terapias equinas sin el más mínimo conocimiento. Profesores que no transmiten respeto, paciencia y amor por el binomio y por la hermosa actividad que encierra la equitación con la dimensión deportiva y humana que supone.
Yo también fui culpable de fomentar todo éso aceptándolo en su momento, pero un día presentí que no podía ser así. Investigué y estudié todo lo que pude, cuanto más aprendía más intranquila me sentía lo confieso, y, al mismo tiempo, empecé a resultar más incómoda como “consumidor-sponsor”. Lo más triste fue que también incomodé a los estamentos oficiales, que ante la verdad sólo saben desgastar con el ninguneo y el desprecio.
Pero hoy por hoy ya nadie podrá conseguir que desista en mi empeño de no conformarme, y pienso contar siempre con que las cosas cambiarán con las nuevas generaciones de profesionales formados cada día más y mejor, de ésos que sienten que nunca sabrán suficiente, cuento también con que los de mi colectivo cada día colaborarán más exigiendo calidad, y con que el tiempo vaya apartando a los impresentables que no ven las cosas porque están demasiado ocupados en sacarle brillo a sus medallas, a los marcos con sus fotos y a su pedestal de soberbia (algo que con el caballo no convive pues cada día nos regala humildad).
Les envío un respetuoso saludo con mi esperanza en su buendifundir en la lucha por la seriedad en este mundo.
Susana Álvarez